8 cosas que hacer con el jardín al terminar el verano

8 cosas que hacer con el jardín al terminar el verano

El final del verano puede dar la sensación de que el jardín pide una puesta a punto completa. Hay hojas secas, flores agotadas, plantas que han crecido demasiado y otras que parecen haber terminado su temporada.

Pero septiembre no es el momento de cortar, arrancar y limpiar todo. De hecho, algunas de las mejores decisiones para preparar el jardín para el otoño consisten precisamente en saber qué hacer ahora… y qué dejar tranquilo unas semanas más.

1. Retira lo que esté realmente enfermo

Una hoja amarilla o seca no es necesariamente un problema. Sin embargo, si una planta presenta partes claramente afectadas por hongos u otras enfermedades, conviene retirarlas para reducir la cantidad de material infectado que queda alrededor.

Recoge también frutos podridos y restos vegetales enfermos que hayan caído al suelo.

En estos casos, es preferible no incorporar el material afectado al compost doméstico si no sabemos que este alcanzará temperaturas suficientes para destruir los patógenos.

2. No tengas demasiada prisa por cortar todas las flores secas

Aquí podemos hacer justo lo contrario de lo que durante años se ha considerado un jardín perfectamente cuidado.

Muchas flores que dejamos madurar producirán semillas.

Equináceas, girasoles, cosmos, zinnias, rudbeckias y muchas otras plantas pueden convertirse en una pequeña despensa para aves y otros animales. Y, dependiendo de la especie, algunas semillas acabarán cayendo al suelo y podrán originar nuevas plantas.

Si quieres recoger semillas para sembrarlas tú mismo, espera a que las cabezuelas o frutos hayan madurado y comenzado a secarse antes de recolectarlos.

Eso sí: en híbridos y determinadas variedades cultivadas, las plantas obtenidas de esas semillas no tienen por qué ser idénticas a la planta madre.

3. Aprovecha para recoger tus propias semillas

Precisamente el final del verano es uno de los momentos más entretenidos para quien disfruta sembrando.

Observa qué plantas están formando frutos o cápsulas secas. Cuando hayan madurado, puedes recoger las semillas, dejarlas terminar de secar en un lugar ventilado y guardarlas en sobres de papel correctamente identificados.

Anota al menos la especie o variedad y el año de recolección. Dentro de unos meses agradecerás haberlo hecho.

Y evita recoger semillas demasiado pronto: una cápsula grande no significa necesariamente que la semilla de su interior ya haya alcanzado la madurez.

4. No podes todo simplemente porque ha terminado el verano

Septiembre tampoco significa automáticamente «época de poda».

Una poda intensa puede estimular nuevos brotes tiernos que después serán más vulnerables cuando bajen las temperaturas. Además, muchos arbustos forman con bastante antelación las yemas que producirán sus próximas flores.

Podarlos en el momento equivocado puede significar eliminar sin querer buena parte de la floración del año siguiente.

Retirar ramas muertas, rotas o enfermas es otra cuestión, pero antes de hacer una poda importante conviene comprobar cuál es la época adecuada para cada especie.

5. Es un buen momento para mirar el suelo

Después de meses de calor y riegos frecuentes, podemos encontrarnos una superficie compactada y zonas que han perdido buena parte de su cobertura.

En lugar de remover profundamente toda la tierra, podemos incorporar una capa superficial de compost bien maduro y mantener el suelo protegido mediante acolchado cuando sea apropiado.

Además de aportar materia orgánica progresivamente, una cubierta ayuda a conservar humedad, amortiguar los cambios de temperatura y limitar la aparición de algunas hierbas espontáneas.

Y hay una ventaja adicional: el suelo continúa lleno de actividad biológica aunque nosotros dejemos de verlo.

6. No arranques automáticamente las plantas que parecen haber terminado

Algunas anuales realmente estarán llegando al final de su ciclo y podremos retirarlas. Pero otras plantas simplemente han sufrido el verano.

Antes de dar una planta por perdida, observa los tallos, la base y la aparición de nuevas yemas.

Con temperaturas más suaves y algo más de humedad, muchas plantas vuelven a crecer sorprendentemente bien durante el otoño.

Esto es especialmente evidente en climas mediterráneos, donde el verano puede ser una época mucho más difícil para determinadas especies que el propio otoño.

7. Empieza a pensar en las siembras de otoño

El final del verano no significa que termine la temporada de siembra. Para muchas especies ocurre justamente lo contrario.

Según el clima, durante las próximas semanas podemos empezar o continuar con cultivos como:

  • espinacas
  • rábanos
  • rúcula
  • acelgas
  • guisantes
  • habas
  • algunas lechugas
  • determinadas brassicas

También es un buen momento para empezar a planificar la siembra de numerosas flores que aprovechan las temperaturas más suaves del otoño.

En zonas de inviernos suaves, el calendario de siembra puede continuar durante buena parte del año.

8. Deja algún rincón un poco menos perfecto

No hace falta convertir el jardín en una selva, pero tampoco necesitamos retirar cada tallo, hoja y semilla que cae al suelo.

Tallos secos, pequeñas acumulaciones de hojas y vegetación que permanece en pie pueden proporcionar refugio, alimento y lugares de hibernación para numerosos pequeños animales e insectos.

Incluso algunas plantas que consideramos «secas» siguen cumpliendo una función mucho después de terminar su floración.

Un jardín preparado para el otoño no tiene por qué parecer completamente limpio.


El final del verano no es el final del jardín

Quizá el cambio más útil sea dejar de pensar en septiembre como el momento de «cerrar» el jardín.

Es más bien una transición.

Mientras unas plantas terminan su ciclo, otras empiezan a crecer de nuevo; unas semillas están listas para ser recogidas y otras esperan precisamente las temperaturas del otoño para germinar.

Por eso, antes de coger las tijeras y empezar a retirar todo, merece la pena observar qué está ocurriendo en cada rincón.

A veces preparar bien el jardín para la siguiente estación significa trabajar un poco.

Y otras veces significa, sencillamente, no hacer nada todavía.

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